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Bienestar a nivel regional
En la vida hay más que las cifras del PIB y las estadísticas económicas – Este Índice te permite comparar el bienestar en distintos países basándose en 11 temas que la OCDE ha identificado como esenciales para las condiciones de vida materiales y la calidad de vida. El estudio incluye también una clasificación global de los 34 países que componen la OCDE. Australia vuelve a estar arriba de la tabla, seguida de Noruega y Canadá. España se queda en el puesto 21, y en los últimos lugares están Hungría, Turquía y México.
De las 362 comarcas analizadas de los 34 países de la OCDE: Canberra y el oeste de Australia ocupan el primer y segundo lugar de la lista, respectivamente, en el tercero está New Hampshire (EEUU) y por detrás se sitúan otras tres zonas australianas (Queensland, Nueva Gales del Sur y Victoria). La primera región española que aparece es el País Vasco, en el puesto 111, seguida de Navarra (148) y Madrid (154), mientras que en los últimos lugares se encuentran Ceuta (303), Melilla (282) y Andalucía (242). El final de la tabla está ocupado principalmente por regiones mexicanas.


Metamorfosis urbana a la vista

Una plataforma creada por el CSIC permite comparar mapas de Madrid


HISDI-MAD permite estudiar en profundidad un plano de la ciudad de 1900 (el de Facundo Cañada López), comparar mapas y fotos de épocas diferentes y, en los mapas sociodemográficos, ver la evolución de diferentes datos como las tasas de natalidad y mortalidad, o el número de fábricas, hospitales y colegios. Además, se pueden ver los cambios que ha obrado el tiempo en el estado de monumentos y lugares emblemáticos comparando fotos de 1900 y de la actualidad.
HISDI-MAD(http://idehistoricamadrid.org), creada por investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).


Cartografías Sensibles, 
un proyecto auspiciado por la comunidad de montes de Vincios, con el que buscan recopilar en un sitio web  toda la riqueza, material e inmaterial, de su parroquia y de la Serra do Galiñeiro.



Como derivada de este objetivo principal, esta herramienta, estima, “pondrá en evidencia la ridícula calidad de los estudios de impacto medioambiental” que se aportan durante la tramitación de estos proyectos.


Los mapas del futuro

El afán de las compañías tecnológicas por personalizar sus servicios y contratar así más publicidad termina por convertirnos en criaturas altamente predecibles, con lo que se limitan artificialmente nuestras opciones.
Evgeny Morozov, profesor visitante en la Universidad de Stanford y de la New America Foundation, nos cuenta que A juzgar por los cambios que pretende introducir en los mapas, la incursión de Google en el espacio público podría tener unas drásticas implicaciones. Después de todo no se trata solo de mapas: sus coches sin conductor y sus gafas inteligentes afectarán profundamente al modo en que experimentamos el mundo exterior. El espacio, para Google, es solo un tipo de información más que debe ser organizado de manera que la compañía pueda acercarse al logro de su audaz misión de “organizar toda la información mundial”. Como dijo uno de sus ingenieros cartográficos el pasado año “cualquier cosa que veas en el mundo real necesita estar en nuestra base de datos”.

El problema que tiene la visión de Google es que no reconoce el papel vital que el desorden, el caos y la innovación desempeñan en la conformación de la experiencia urbana. El crítico cultural Richard Sennett escribió ya en 1970 un maravilloso librito, The uses of disorder: Personal identity and city life, a cuya lectura debieran ser invitados todos los ingenieros de Google. En él, Sennett presentaba un sólido argumento en favor de “las ciudades densas, desordenadas y arrolladoras”, donde se siguen codeando forasteros y gentes con muy diferentes orígenes socioeconómicos. La ciudad ideal de Sennett no es una simple aglomeración de guetos y comunidades cerradas que nunca se hablan entre sí; es, más bien, la mutua implicación entre esos componentes —y el ocasional desorden que esa implicación introduce en nuestra vida diaria— lo que hace de ella un lugar interesante para vivir y lo que permite que sus habitantes se conviertan en seres humanos maduros y complejos.

La visión urbana de Google, por otra parte, es la propia de alguien que está tratando de acceder a un centro comercial en un coche sin conductor. Es profundamente utilitaria, incluso de carácter egoísta, con poca o ninguna preocupación por el modo en que se experimenta el espacio público; en el mundo de Google el espacio público es solo algo que está entre tu casa y ese restaurante tan bien calificado al que te mueres por ir. Puesto que nadie califica formalmente el espacio público o lo menciona en sus correos electrónicos, este podría también desaparecer de los altamente personalizados mapas de Google.

La razón principal de celebrar los mapas que no están personalizados no tiene nada que ver con la tecnofobia o la nostalgia de los días anteriores a Google. En realidad es bastante simple: cuando usted y yo miramos el mismo mapa se da la oportunidad de que entablemos una conversación sobre cómo mejorar el espacio que representa ese mapa. Nuestra experiencia de que lo que era espacio público se esté convirtiendo en algo cada vez más privatizado —primero con los smartphones, luego con los coches sin conductor, luego con Google Glass— y que todo ello se haga en nombre de “organizar la información mundial” debiera preocupar a todo el que se preocupe por el futuro del urbanismo.

Si Google se sale con la suya, nuestro espacio público pronto podría parecerse a los suburbios de California que la compañía llama hogar: bonitos pero aislados, soleados pero dependientes de una infraestructura decrépita, ordenados pero segregados por sus rentas. Lo que Richard Sennett dijo de los suburbanos en The uses of disorder—o sea, que son “gente que teme vivir en un mundo que no puede controlar”— es igualmente cierto para los que optimizan Google. Pero la falta de control es simplemente el precio que tenemos que pagar por vivir en esos entornos complejos, diversos y cosmopolitas a los que llamamos ciudades. Por desgracia, dados sus sucesivos impactos sobre el modo de vida urbano, todavía no hay señales de que Google haya comprendido en qué consista eso, ni cuál sea su objeto.


La expansión de Gibraltar

Expansión de la superficie de Gibraltar desde el Tratado de Utrech (1713)

La superficie gibraltareña ha crecido hacia la Bahía de Algeciras y hacia el norte.